01.01.2026
- marcsolersant
- Jan 1
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Y 2025 se ha ido en un abrir y cerrar de ojos.
Ha sido un año muy especial y lleno de cambios. Por fin puedo llamarme a mí mismo escritor con la publicación de La Senda del Cobarde tras tanto tiempo presentándome a la gente como alguien a quien le encantaba escribir y soñaba con poder publicar algún día. Me queda mucho camino para poder vivir de esto, pero el primer trecho ya está hecho. Y es una gozada recibir opiniones de los lectores o descubrir que amigos y conocidos, y amigos de estos han decidido darle una oportunidad a la novela.
Aunque, a mi parecer, mi mayor logro este año ha sido otro. Tras la primera presentación en febrero, donde recibí un apoyo y cariño tremendo, me propuse a mí mismo el reto de retomar la escritura de la segunda novela, La Senda de la Bastarda, y acabar el primer esbozo del manuscrito antes de terminar el año. Y lo he conseguido, cosa que mi yo de enero nunca habría creído posible. La constancia, la motivación y la ilusión han sido fundamentales para volver a adentrarme en el Mundo Conocido y acompañar a sus protagonistas en su trágica epopeya. Lo que toca ahora es dejar unas semanas de reposo para que el texto cuaje, y retomarlo con ojos mucho más críticos y objetivos. Tocará recortar, reescribir y corregir para intentar hacer de esta una novela de la que pueda sentirme orgulloso.
Dejando de lado el tema literario, llevo ya dos meses y medio emancipado, y no podría estar más feliz. Estuve mucho tiempo fuera de casa, tuve que volver a Barcelona por necesidad y, sinceramente, he pasado tres años muy malos; los problemas familiares se acumulaban sin parar y mi vida estaba dominada por la ansiedad, el enfado y una necesidad imperiosa de poder largarme para hacer mi vida. He tenido muchísima suerte de encontrar un piso de alquiler que puedo permitirme cuando, a día de hoy, es algo casi imposible para la mayor parte de los jóvenes. Cruzo los dedos para que esto dure tanto como sea posible.
¡Ah, y resulta que también soy universitario! Yo pensaba que nunca en mi vida pisaría una universidad, pero al final una cosa ha llevado a otra, y ahora me encuentro estudiando la carrera de Historia en la Universidad de Barcelona. Si algo he descubierto gracias a mi trabajo es que tengo vocación por enseñar y transmitir conocimiento, y sé que esto es una inversión de futuro. ¡Ya no queda tanto para poder ser profesor de historia!
Antes de terminar me apetece hacer un pequeño repaso de mis obras preferidas que he consumido este año, en lo que respecta a novelas, videojuegos y cine.
En novelas, la trilogía de Los Huesos Verdes de Fonda Lee ha sido desde mi punto de vista la mejor lectura de estos últimos doce meses; una historia de familia, honor y el legado entre generaciones que cala hasta los huesos del lector.
La decalogia de Malaz, el Libro de los Caídos, de Steven Erikson, ha sido otra lectura fascinante; diez libros gigantescos con tantas tramas, personajes, terminología, facciones y distintos continentes que hacen de esta saga la lectura más difícil que he hecho en toda mi vida, aunque me siento orgulloso de haberla leído de principio a fin. Ahora que la estoy releyendo, me voy dando cuenta de las sutiles pistas que va dejando el autor para los libros posteriores, y gracias a que ahora tengo el contexto general del mundo y la historia, es más sencillo seguir el hilo y disfrutar con la lectura. Sin duda, Malaz ha sido toda una sorpresa.
Otro de los pesos pesados este año era Los Diablos, de Joe Abercrombie, mi autor favorito. Todo el mundo ponía la novela por las nubes y, muy a mi pesar, en mi opinión se queda bastante coja si la comparamos con el resto de obras del mismo autor. Es una lectura ligera, divertida y salvaje, pero me ha faltado una conexión más auténtica entre los personajes, e incluso una empatía mayor hacia ellos de mi parte como lector. Tengo fe en Abercrombie, y seguro que me deja alucinado con la secuela.
Respecto al mundo audiovisual, la película de Los Tipos Malos 2 ha sido la mejor experiencia que he tenido en el cine en muchísimo tiempo; es loca, muy divertida, visualmente es un portento y tiene un grupo de personajes principales maravillosos. Que esta saga siga sacando películas durante veinte o treinta años, gracias.
Y en series, Shōgun ha barrido con las demás sin siquiera esforzarse. Los actores y actrices lo bordan con sus papeles, la historia que se cuenta es fascinante y el ritmo de la serie, que se cuece a fuego lento, es perfecto para acabar en un clímax que se queda guardado para el recuerdo. La segunda temporada está confirmada, así que no podría estar más contento. Después tocará leerse la novela en la que se ha basado la adaptación, de la que sólo he escuchado cosas buenas.
Finalmente, en el tema de videojuegos, destaco tres. Baldur’s Gate 3 es inmortal, por más que lo juegues una y otra vez es imposible cansarte, y me ha servido como consuelo ante lo difícil que se está volviendo el poder quedar con mi grupo de amigos para seguir con nuestra campaña de Dragones y Mazmorras.
El regreso de Inazuma Eleven con Inazuma Eleven: Victory Road después de 10 años ha sido un golpe a la nostalgia tremendo. El día que lo estrené se me escapó una lágrima al escuchar la música, recordando a mi yo adolescente que jugó a todos los juegos de la saga durante el instituto. Un muchacho bastante distinto al yo de ahora, pero que, en esencia, sigue siendo el mismo tío sencillo al que le encanta leer, dibujar, escribir y flipar con unos chavales que juegan al fútbol usando supertécnicas.
Y ponemos la guinda al pastel con Clair Obscur: Expedition 33. Ya cuando vi su tráiler el año pasado supe que este iba a ser un juego especial, y no me equivocaba. Me gustó todo: el precioso diseño artístico, la espectacular banda sonora, la dolorosísima historia, el intenso gameplay y sus memorables personajes, que están tan bien escritos que parecen personas reales. Tiene fallos, por supuesto, no es en absoluto perfecto. Pero la gozada que sentí al jugarlo no me la quita nadie.
Con esto y un bizcocho, creo que ya he escrito todo lo que quería sacar de dentro. 2025 ha sido un año increíble, aunque también muy complicado; un año que recordaré toda mi vida.
Ahora llega el 2026, otros doce meses llenos de oportunidades, misterio y seguro que muchos cambios más. Me voy preparando para mantener los ojos bien abiertos, no sea que parpadee y descubra que ya estamos en 2027…
Gracias por leerme, ¡y feliz año nuevo!
Marc
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